Entro en trance... Mi trance personal... Pulso el play, me enciendo ese pitillo, Cierro los ojos, una calada... Escucho ese saxo, el piano, ese ritmo tímido, otra calada... Me fundo con la música, me recosto en la silla, doy otra calada y pongo la cabeza mirando al techo, escapo del mundo por unos instantes, sintiendo verdadera paz y armonía en mi alma, mis oídos dejan de oír, mi nariz de oler, se consume mi cigarro, mi cuerpo no responde, el cerebro sufre un orgasmo, sueño despierto con esa melodía, cesa la música y se interrumpe esa eyaculación de emociones, ha pasado una hora, ¿que hago?, Pulso el play, me enciendo otro pitillo...
Quizás... el mundo no esta hecho para mi. Almas inexpresivas ocultas bajo mascaras de vidas felices, no hay mañana porque mañana es hoy, no hubo ayer, porque ayer es ahora mismo, tan solo hay lagrimas de sangre derramadas por otros en nuestros corazones, espíritus perdidos en su incertidumbre, almas en estado vegetativo herrando en noches frías, con el único consuelo de escucharse a si mismas en melodías que hacen brecha emocional. No está todo perdido. A veces una fusión de dos almas hace despertar una bestia oculta, esa bestia que hace lo irracional, racional. Que hace lo imposible, posible. Que transforma personalidades a su antojo. Una bestia que actuará como un imán para atraer esas dos almas a ella, y cuando las dos se peguen todo tendrá sentido, solución y desaparecerá el dolor. Esa bestia vestida de princesa... El amor. Todos necesitamos a alguien que nos abrace cuando nuestros miedos nos corrompen, cuando todo se tiñe de negro, alguna luz al final del tunel... al borde del precipicio, quizás deba dar un paso adelante y cruzar la linea de lo racional, lanzarme al vacío y caer en sus brazos sin pensar lo que vendrá después...