lunes, 25 de marzo de 2013

Dueños de todo


Dicen que no somos dueños de nada
pero yo si que soy dueño de algo
soy dueño de equivocarme
dueño de mi alma, de mis decisiones,
dueño de tantas equivocaciones y tan pocos aciertos,
dueño de cada segundo de mi vida,
de cada amor que me ha atravesado la garganta,
dueño de cada cigarro que me ha corroído el pulmón,
dueño de cada engaño, de todo el daño que he causado,
de todo el que me he dejado causar,
dueño del masoquismo ilógico de un "amor",
dueño del sacrificio en vano por el mismo,
dueño de cada lágrima resbalando por mi mejilla,
dueño de cada tropiezo con la misma piedra,
de haberme levantado siempre,
dueño de cada sonrisa dibujada en mi rostro,
dueño de saber lo que me conviene, de opinar lo que siento,
dueño de no dejarme asustar ni mandar por nadie,
dueño de tantas cosas...

y nadie nunca va a influir en ellas
porque soy su único dueño...

El dueño de mi vida.

jueves, 21 de marzo de 2013

La pálida (Eduardo Galeano)


Mis certezas desayunan dudas. Y hay días en que me siento extranjero en Montevideo y en cualquier otra parte. En esos días, días sin sol, noches sin luna, ningún lugar es mi lugar y no consigo reconocerme en nada, ni en nadie. Las palabras no se parecen a lo que nombran y ni siquiera se parecen a su propio sonido. Entonces no estoy donde estoy. Dejo mi cuerpo y me voy, lejos, a ninguna parte, y no quiero estar con nadie, ni siquiera conmigo, y no tengo, ni quiero tener, nombre ninguno: entonces pierdo las ganas de llamarme o ser llamado.

Eduardo Galeano

miércoles, 13 de marzo de 2013

El emperador y el mendigo (Deseos)


Un emperador estaba saliendo de su palacio para dar un paseo matutino cuando se encontró con un mendigo.
Le preguntó:


-¿Qué quieres?

El mendigo se rió y dijo:

-¿Me preguntas como si pudieras satisfacer mi deseo?

El rey se rió y dijo:

-Por supuesto que puedo satisfacer tu deseo. ¿Qué es? Simplemente dímelo.

Y el mendigo dijo:

-Piénsalo dos veces antes de prometer.

El mendigo no era un mendigo cualquiera. Había sido el maestro del emperador en una vida pasada. Y en esta vida le había prometido: "Vendré y trataré de despertarte en tu próxima vida. En esta vida no lo has logrado, pero volveré..."

Insistió:

-Te daré cualquier cosa que pidas. Soy un emperador muy poderoso. ¿Qué puedes desear que yo no pueda darte?

El mendigo le dijo:

-Es un deseo muy simple. ¿Ves aquella escudilla? ¿Puedes llenarla con algo?

-Por supuesto -dijo el emperador.

Llamó a uno de sus servidores y le dijo:

-Llena de dinero la escudilla de este hombre.

El servidor lo hizo... y el dinero desapareció. Echó más y más y apenas lo echaba desaparecía. La escuadrilla del mendigo siempre estaba vacía.

Todo el palacio se reunió. El rumor se corrió por toda la ciudad y una gran multitud se reunió allí. El prestigio del emperador estaba en juego. Les dijo a sus servidores

-Estoy dispuesto a perder mi reino entero, pero este mendigo no debe derrotarme.

Diamantes, perlas, esmeraldas... los tesoros iban vaciando. La escudilla parecía no tener fondo. Todo lo que se colocaba en ella desaparecía inmediatamente. Era el atardecer y la gente estaba reunida en silencio. El rey se tiró a los pies del mendigo y admitió su derrota.

Le dijo:

-Has ganado, pero antes de que te vayas, satisface mi curiosidad. ¿De qué está hecha tu escudilla?

El mendigo se rió y dijo:
-Está hecha del mismo material que la mente humana. No hay ningún secreto... simplemente está hecha de deseos humanos.

Cuento anónimo sufí